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HOMENAJE
A LA REPUBLICA DE CUBA
EN SU CENTENARIO
1902-2002 Fotos e Historia

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Paseo por La Habana
a principios de la República.
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Mapa de La Habana en 1905
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Pasaron dieciséis años del descubrimiento de Cuba sin tener noticia los españoles
del puerto de La Habana. En un viaje alrededor de la isla, un grupo de ellos
se vio obligado a refugiarse allí para reparar el casco de sus dos carabelas,
carenarlas con una especie de chapopote. Fue por eso que al lugar le pusieron
por nombre Carenas. Años más tarde se fundó en el sur, cerca de donde está
hoy Batabanó, la villa de La Habana. El nombre le venía del cacique indio
Habanaguex, quien dominaba aquella provincia, pero las plagas de mosquitos y
hormigas, hizo que se trasladaran sus pocos habitantes a la costa norte, a la
desembocadura del río Almendares. El nuevo sitio, a pesar de sus encantos,
también resultó inapropiado por estar expuesto a ataques de piratas, por lo
que mudaron la villa al cercano puerto. La fundación oficial de La Habana
tuvo lugar el 16 de noviembre de 1519, día de San Cristóbal, su santo
patrono.
Al iniciarse la República tenía La
Habana un cuarto de millón de habitantes del millón y medio de toda la isla.
Durante su primera década circulaban en la ciudad docenas de periódicos,
siendo los más importantes El Nueva País, el Diario de la Marina, El Mundo,
La Lucha, La Discusión, El Fígaro y The Havana Post. Las iglesias católicas
más concurridas eran la Catedral, en San Ignacio y Empedrado; la del Cristo
en Bernaza y Lamparilla; y la de Belén, en Compostela y Luz; había una
episcopal en el número 107 del Prado, una metodista en el número 10 de la
calle Virtudes, una presbiteriana en Reina número 90, y un templo bautista en
Dragones esquina a Zulueta. Los teatros principales eran el Nacional, con
capacidad para cuatro mil espectadores, y temporadas de ópera; el Payret, en
la calle San José, para tres mil; el Politema y el Albisu, mas dedicados a
zarzuelas; el Martí, en el local del antiguo teatro Irijoa, donde se firmó
la Constitución de 1901; y el Alhambra, sólo para hombres, en la esquina de
Consulado y Virtudes. Las sociedades de más nombre eran el Union Club, en
Neptuno y Zulueta; el Casino Español, en el Prado; el Centro Asturiano,
frente al Parque Central, con una quinta, La Covadonga, en aquel tiempo el
mejor hospital de Cuba; el Centro de Dependientes, con su clínica en Jesús
del Monte; y el Havana Yacht Club, en Marianao, el más viejo de la ciudad.
Los hoteles preferidos eran el Pasaje, en Prado 95, a media cuadra del Parque
Central, con ciento cincuenta habitaciones en cuatro pisos con elevador; el
Inglaterra, en Prado y San Rafael, de tres pisos; el Telégrafo, en Prado número
112 esquina a San Miguel, con dos y capacidad para ciento cincuenta huéspedes;
y el Miramar, en Prado y Malecón, el más caro de la ciudad: cobraba diez dólares
diarios por habitación con baño (a principios de la República, un peso o
duro español se cambiaba por 60 centavos en moneda americana ).
Este "paseo por La Habana
" lleva
a unos cuantos lugares de la ciudad que eran entonces de obligada visita. Va
cada uno precedido de una nota explicativa y acompañado de estampas de la época
que quieren dar la impresión al lector de que está allí, en el tiempo que
interesa. Empieza el viaje por donde se entraba al visitar La Habana, por el
puerto, y después de un breve recorrido por calles y parques, se sale por el
Vedado, uno de los barrios que más crecía en aquellos años.
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El Morro
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En 1537 La Habana fue saqueada por piratas
y, a partir de entonces, el peñasco situado en la ribera derecha del puerto
se usó para vigilar las embarcaciones que se avistaban. Poco después se mandó
construir allí una fortaleza con una torre desde donde informaban con una
campana sobre la procedencia y tamaño de los barcos que veían. Y también el
torreón sirvió de punto de referencia para los navegantes que querían
entrar en el puerto o que pasaban cerca de la costa.
La farola de ese castillo muy pronto se
convirtió en el representante de La Habana. Es aún lo más conocido en todas
partes como símbolo de la ciudad, y de Cuba, de la misma manera que la torre
Eiffel representa París, o Francia, y Nueva York la Estatua de la Libertad y
los Estados Unidos. Los cambios políticos en la historia del país se han
realizado allí, como si fuera el corazón de la isla: se arrió en El Morro
la bandera española y se izó la de Inglaterra cuando la ocupación de la
ciudad por los ingleses, en 1762; al siguiente año, cuando España recuperó
la plaza, volvió su bandera a flotar en El Morro; al terminar la guerra de
independencia se cambió allí la bandera española por la de los americanos,
el 1° de enero de 1899, al terminar la guerra de independencia; y el 20 de
Mayo de 1902 dejó el lugar la bandera de los Estados Unidos para sustituirla
la de la estrella solitaria. Durante mucho tiempo habían añorado los cubanos
el dominio de su tierra, y así cantaba una copla popular: "Estrellita
solitaria / De mi bandera cubana, / ¡Cuándo te veré brillar/ En El Morro de
La Habana! " La ilustración que sigue recoge el momento en el que, desde
el otro lado de la bahía, por vez primera al nacer la República, vieron los
cubanos allí flotar la bandera de su patria.
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Vista de El Morro el 20 de Mayo de 1902.
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La Punta
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La lengüeta de tierra frente a El Morro,
al otro lado de la boca del puerto, se la conocía con el nombre de la Punta.
Por los ataques de los piratas se determinó construir también en ese lugar
otra fortaleza. Casi al mismo tiempo que El Morro se inició la construcción
del castillo que llamaron San Salvador de la Punta, a unos 400 metros del
otro. En esa tierra se amarraba la cadena que, unida a la otra orilla, impedía
la entrada de los barcos enemigos. Cuando el El Prado llegó hasta la
explanada de la Punta, donde levantaron el castillo, el lugar se hizo uno de
los preferidos de los habaneros para ver las puestas del sol y para sus
paseos, pues a ella también llegaba, paralela al canal del puerto, la calle Cuba.
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Explanada y Castillo de La Punta
el 20 de Mayo de 1902.
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Calle Cuba
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La iglesia de San Francisco
en Cuba y Amargura
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La Fuerza
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Al descubrirse lo conveniente que
resultaba para la navegación el canal de Bahamas, La Habana se convirtió en
el puerto donde se reunían las flotas que iban a Cádiz cargadas de tesoros.
Se hizo entonces la ciudad un lugar codiciado por corsarios y piratas que allí
siempre encontraban rico botín. Fue el castillo de La Fuerza, al sur de La
Punta, la primera construcción toda de piedra en la isla, y la más
importante de América, y como era la más segura se hizo también residencia
de los gobernadores. Poco después se construyó en esa fortaleza una torre
con campanario sobre el que estaba una pequeña estatua de bronce
representando la ciudad. Así, a los visitantes que no habían visto la
estatua, se les decía: "Viniste a La Habana pero no has visto La
Habana ". Esa torre, con la de El Morro y la de La Punta, las tres más
antiguas de la ciudad, se ven en su escudo. La llave dorada debajo de ellas
indicaba que La Habana era la puerta de la América española, por lo que
desde muy temprano se la llamó "Llave del Nuevo Mundo y Antemural de las
Indias Occidentales ".
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Escudo de La Habana
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Campanario con
la estatua de La Habana.
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Castillo de La Fuerza.
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La Cabaña
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La toma de La Habana por los ingleses, en 1762, puso en
evidencia que, a pesar de sus tres castillos, la ciudad era aún muy
vulnerable. Cuando los marinos ingleses ocuparon la fortaleza de El Morro,
desde la colina contigua empezaron a bombardear La Habana forzando su
incondicional rendición. Ya se había dicho que quien dominara aquel
promontorio sería dueño de la ciudad. Se dispuso así que se construyera en
el lugar, donde sólo había unas cabañas de pescadores, el castillo que se
empezó el 4 de noviembre de 1763, el día de San Carlos, por lo que se le
llamó San Carlos de la Cabaña.
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Entrada de La Cabaña
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Garita
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Fosos
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La Bahía
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La superficie total del puerto de La Habana es de 6
millones de metros cuadrados, con una profundidad promedio de 30 pies. Se ha
dicho que por su gran tamaño, en caso de un temporal o ciclón, podrían allí
guarecerse un millar de embarcaciones. A principios de la República, la Compañía
Transatlántica Española hacía viajes regulares a La Habana desde la Coruña,
Santander, Cádiz, Barcelona y las Islas Canarias; y desde los Estados Unidos
los había desde Nueva York, Nueva Orleáns, Tampa y Miami por la Ward Line y
la Peninsular and Occidental Steamship Company; desde otros puertos de México,
Centroamérica y Europa viajaban compañías holandesas y alemanas. La última
de estas vistas relacionadas con la Bahía de La Habana muestra los restos del
acorazado norteamericano "Maine ", que hizo explosión en 1898
causando la muerte a 261 marinos, por lo que se inició la guerra entre los
Estados Unidos y España. Allí permanecieron los restos el "Maine "
hasta 1912 en que con la más respetuosa ceremonia, y bajo quintales de
flores, se llevaron a alta mar, donde se hundieron.
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Goletas en la Bahía de La Habana
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Muelle de Luz
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Vista de la Bahía desde La Cabaña
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Aduana en la Plaza de San Francisco
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Restos del acorazado Maine
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El Parque Central en 1903
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Vista del teatro Albisu desde el Parque Central
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Esquina del Parque Central
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El Politeama, desde el Parque de Albear
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El monumento a Martí
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El 24 de Febrero de 1905, al cumplirse el décimo
aniversario del Grito de Baire, con el que se inició la última Guerra de
Independencia, se develó en el Parque Central la estatua de José Martí, en
el mismo lugar donde estuvo la de Isabel II. Fue el primer monumento erigido a
un héroe de la patria. Desde 1900 se había iniciado la recaudación popular
que lo hizo posible, siendo los primeros aportes los de la emigración cubana
de Cayo Hueso. Al fondo de la estatua, en los bajos del Hotel Inglaterra,
estaba la Acera del Lo ubre, el más distinguido lugar de reunión en todo el
país, y enseguida, el teatro Tacón, luego Teatro Nacional.
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Monumento a José Martí
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Vista del Parque Central en 1908
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El Teatro Nacional y el Hotel Inglaterra
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Esquina de Prado y San Rafael
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Acera del Loubre
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El Prado
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A fines del siglo XVIII se empezó a
construir una amplia avenida que llamaron Nuevo Prado, que iría desde la
Calzada del Monte hasta el mar. Les pareció tan largo y costoso a los
habaneros de aquella época, que jugando con las palabras decían
aludiendo al Castillo de la Punta, en su extremo norte, que al Prado no se
le veía "la punta ", su terminación. Años después, cuando se
amplió el paseo, lo llamaron Alameda de Isabel II, pero por un acuerdo
del Ayuntamiento de La Habana, en 1904, se determinó llamarlo Paseo Martí.
Ya en esa época lo formaba un ancho andén sembrado de laureles, a tres
pies sobre el nivel de las dos calles paralelas que corrían a sus lados.
Era aquél uno de los lugares más concurridos de La Habana durante los
primeros años de la República, y había que pagar 10 centavos para
sentarse en las sillas de hierro desde las que se veía circular los
coches. El Prado se animaba mucho en los días de carnaval. Junto al mar,
la ancha explanada a la que llegaba la calle San Lázaro, era muy gustada
por los habaneros que disfrutaban de la brisa del malecón. En sus
arrecifes estuvieron unos baños, especie de pocetas de unos quince por
seis metros, y cuatro de profundidad, cavadas en las rocas, que se
llamaban "Los Campos Elíseos " y "Las Delicias ";
costaban treinta centavos de alquiler. Ese Malecón, la Avenida del Golfo
que en 1902 se empezó a llamar Avenida de la República, y en 1908
Avenida del General Antonio Maceo, llegaba hasta la Caleta de San Lázaro,
frente a la Casa de la Beneficencia.
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Paseo del Prado
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Prado y Neptuno
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Residencias del Prado
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Vista de El Morro
desde la calle Neptuno
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Prado y Consulado
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Parque del Prado
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San Lázaro y Prado
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Explanada de Prado y Malecón
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El Malecón en un día de Carnaval
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La Catedral
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La Catedral de La Habana había sido hasta 1789 la
Iglesia Mayor, y antes de San Ignacio, que habían fundado los jesuitas.
Era una de las iglesias más lujosas y visitadas del país. En los
primeros tiempos de la República, el acto más importante en la Catedral
fue el Te Deum que se celebró el 20 de Mayo de 1903, al año de
inaugurarse la República, y al que asistieron las figuras más destacadas
del país. Visita obligada de todo el que quería conocer la ciudad era la
Catedral, y la plaza a su entrada, con muy antiguos edificios, luego
dedicados a comercios.
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Catedral de La Habana
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La Catedral desde
la calle Empedrado
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Calle San Ignacio, que termina en la Plaza de la Catedral.
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La Plaza de Armas
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Al inaugurarse la República la presidencia se
estableció en el palacio en que vivieron los Capitanes Generales de España.
Daba a una plaza en cuyo centro tenía la estatua de Fernando VII. En ese
edificio se hizo la transmisión de poderes el 20 de Mayo de 1902. Por las
calles que rodean la Plaza de Armas, junto al castillo de La Fuerza circuló
el pueblo para celebrar el acontecimiento. Al otro extremo del lugar se
encuentra El Templete, donde se supone se dijo la primera Misa. También
dando a la Plaza, junto al Palacio, se reunía el Senado de la República.
En la parte de atrás del edificio, por la calle Mercaderes, se alojó el
Ayuntamiento. La Plaza de Armas fue el germen de la ciudad: junto a ella
estuvieron las primeras construcciones, y las de mayor importancia, y
luego, con el aumento de la población, La Habana fue creciendo desde ella
paralela al mar, hacia el oeste.
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Plaza de Armas y Palacio Presidencial
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El Templete
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Palacio y Ayuntamiento
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El 20 de Mayo de 1902 en la Plaza de Armas
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El Parque de la India
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Entre las calles Dragones, Monte y Cárdenas
está el parque que tiene en su centro la estatua de una india cazadora con
aljaba llena de flechas. Lo mismo que la pequeña estatua de bronce en la
torre del Castillo de la Fuerza, se tiene también a esta figura como
representante de la ciudad.
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Parque de la India
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Vista del Prado desde el Parque de la India
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El Parque de Colón
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Junto al Parque de la India, al oeste, estaba el Parque
de Colón, entonces el más grande de la ciudad, con hermosos jardines y
arboledas. Allí había estado el Campo de Marte, el campamento en que
vivieron y hacían sus ejercicios los soldados españoles.
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Esquina de Prado y Dragones en el Parque de Colón
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Vista del Parque de Colón
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El Parque de Albear
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Al este del Parque Central se encuentra la pequeña
plazoleta llamada Parque de Albear, desde 1895 con la estatua del ilustre
ingeniero Francisco Albear, muerto en 1887, quien dirigió las obras del
canal para abastecer de agua a La Habana. La bordean las calles de
Monserrate, Bernaza, Obispo y O'Reilly.

Parque de Albear
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La Alameda de Paula
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Junto a la bahía, entre la calle Paula y la calle Luz,
se extiende la Alameda de Paula. Sus límites eran el Muelle de Luz, a un
extremo, de donde salía un ferry que por 5 centavos llevaba pasajeros a
través de la bahía hasta Regla y Guanabacoa, y en el otro la iglesia de
San Francisco de Paula. En el centro de la Alameda hay una fuente de la que
surge una columna grabada. Los tranvías eléctricos se habían inaugurado
en 1901, entre el Vedado y el paradero de San Juan de Dios, en la esquina de
las calles Aguiar y Empedrado, y como se ve aquí, por la Alameda de Paula
pasaban tranvías de una sola línea.

Alameda de Paula y calle Oficios
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Las calles Obispo y O'Reilly
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En los primeros años del pasado siglo, las calles más
importantes de La Habana, para el comercio, eran Obispo y O'Reilly. Corren
casi paralelas desde el mar, pasan por la Plaza de Armas hasta la calle
Monserrate y el parque Albear. Las muchas tiendas y almacenes que en ellas
había explicaba el numeroso público que las visitaba. Lo más notable de
esas calles, en esa época, era lo que puede considerarse como un precursor
de los Malls modernos de los Estados Unidos, pues tenían unos toldos como
techos que protegían del sol y de la lluvia a los transeúntes, asegurando
así una continua actividad comercial. En el número 119 de la calle Obispo
estaba la tienda de abanicos de M. Carranza, que se anunciaba como la mayor
del mundo, que también vendía mantillas, pañuelos y bufandas. Según el
testimonio de escritores de aquellos días, el abanico se había convertido
en prenda obligada de las habaneras: la manera de usarlo y moverlo
comunicaba sus estados de ánimo con un lenguaje especial. La calle O'Reilly
debe su nombre al general Alejandro O'Reilly, quien por allí entró cuando
los ingleses en 1763 abandonaron la ciudad. Obispo se llamó así porque en
ella vivió el obispo Alonso Enríquez de Armendáriz, quien a su vez dio
nombre al río Almendares, pues en él se bañaba para curarse de sus
dolencias.
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Cuatro vistas de la calle Obispo
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O'Reilly con los toldos
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Otra vista de la calle O'Reilly
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La Plaza Vieja
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Con motivo de proclamarse en 1812 la Constitución de Cádiz,
se dispuso que en todas las ciudades, en su mejor plaza, se levantara un
monumento honrando el nuevo texto constitucional y que el lugar se conociera
como Plaza de la Constitución. Se escogió en La Habana la que llamaban
Plaza Vieja, entre las calles Muralla y Mercaderes, Teniente Rey y San
Ignacio. Poco después, sin embargo, al suprimirse la Constitución, se
ordenó destruir los monumentos y nombrar el lugar en que estaban Plaza de
Fernando VII. Un levantamiento militar en España, en 1820, obligó a la
monarquía a acatar de nuevo la Constitución, y volvió, por tres años más,
a llamarse Plaza de la Constitución, hasta que de nuevo fue abolida para
conocerse la plaza, como se había hecho desde el siglo XVII, con el nombre
de la Plaza Vieja.
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La Plaza Vieja
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Portales en Muralla y San Ignacio
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La Loma del Ángel
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Fue este lugar el escenario más notable de la novela
de Cirilo Villaverde, Cecilia Valdés o la Loma del Ángel, publicada en La
Habana y Nueva York, en 1839 y 1882. En la iglesia del Santo Ángel empieza
la calle Compostela, y doblando en la esquina de San Juan de Dios vivía una
mulata amante de un hombre acaudalado. De aquellos amores nació el
personaje Cecilia Valdés, "la virgencita de bronce ", como la
llamaban por su belleza y su gracia. Por avatares del destino, sin saber su
origen, Cecilia se entrega a su medio hermano para terminar como
protagonista de una tragedia de celos. Visitaban los habaneros y sus
invitados las calles que confluyen en el barrio del Ángel, Cuarteles, Chacón,
Tejadillo y Peña Pobre evocando las casas que allí estuvieron de familias
pudientes y las de pobres artesanos en las que se celebraban los bailes y
las reuniones que describe Villaverde en su famosa novela.
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Iglesia del Ángel
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Esquina de la calle Cuarteles en la
Loma del Ángel
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El Vedado
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De todos los barrios de la ciudad, sin desconocer los
encantos de El Cerro, donde aún a principios de la República tenían
residencias las familias más acomodadas de la capital; o Jesús del Monte,
en el punto más alto de La Habana, a 220 pies sobre el nivel del mar; y
Marianao con sus playas, este paseo por la ciudad sólo incluye una breve
visita al barrio del Vedado, junto al mar. A él se llegaba en tranvía eléctrico
en quince minutos, desde La Habana, a un costo de cinco centavos el viaje.
También podía irse por una estrecha calle llamada Calzada, en donde estaba
el hotel Trocha, lugar de residencia de los oficiales americanos durante la
intervención. Desde principios del siglo pasado empezaron a construirse en
el Vedado residencias hermosas con amplios jardines.
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Hotel Troncha
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Esquina de Línea y D
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Calle 9 y Baños
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Línea entre Baños y D
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Email a/to Juan F. PérezLast time this page was Edited 03/07/2012
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