Historia de la Zarzuela Cubana

La zarzuela nació en el
siglo XVII durante la época de Felipe VI en el pabellón de caza del Palacio de
la Zarzuela (lugar llamado así por el gran número de zarzas que lo rodeaban).
Gran amante del teatro, este monarca contrataba compañías madrileñas que
representaban obras donde se alternaba el canto con pasajes hablados. La
zarzuela es un termino medio entre el teatro de comedia y la opera, siendo una
reducción de esta ultima tanto en su contenido musical como el del libreto por
lo que ganó la denominación de genero chico. Las primeras zarzuelas se componían
sobre temas extraídos de la leyenda y la mitología. Grandes músicos españoles
como Moreno Torroba se hicieron famosos en los siglos XIX y XX con zarzuelas
como 'Luisa Fernanda' y tantas otras bien conocidas por los actuales amantes del
género.
Con la influencia española de la Cuba colonial la zarzuela llegó a las costas
cubanas y fue prontamente aceptada. Grandes compositores cubanos escribieron
bellísimas obras tales como 'Maria la 0' de Ernesto Lecuona, 'Cecilia Valdés' de
Gonzalo Roig y 'Amalia Batista' de Rodrigo Prats. Todos recordamos con nostalgia
y afecto las funciones de zarzuela en el Teatro Martí, íntimo y cómodo a pesar
de sus sillas de madera, donde la falta de aire acondicionado no se hacia notar
cuando abrían grandes puertas francesas de madera y el fresco del mar circulaba
sin tropiezos además de que las señoras llevaban sendos abanicos que nunca
faltaban en sus carteras.
Contrario a las escenas españolas de cortes o aldeas, la zarzuela cubana
describía imágenes y costumbres de la época colonial, utilizando las suaves
cadencias musicales que dan a Cuba gloria. Tema popular era el señoriíto rico,
hijo del dueño del ingenio, que aunque comprometido con una joven de su clase,
cortejaba a la joven mulata, zalamera y atrevida, con quien tenia amores
prometiéndole matrimonio. El final era por lo general truculento, con
desengaños, pasión, celos y lágrimas. Estos impresionantes finales no restaban
un ápice a la belleza de la música, antes bien ponían énfasis en las habilidades
y talentos histriónicos y musicales de los artistas.
A Cuba llegaban anualmente durante los meses de invierno, diversas compañías de
zarzuela, entre ellas la de Pepita Embil, madre de Plácido Domingo, que volvió
año tras año y con cuyos artistas nos familiarizamos. Cada temporada traían
hasta una docena de obras diferentes, viejas y tradicionales, y presentaban
algunas funciones con zarzuelas cubanas compartiendo escena con artistas locales
de los que Cuba tenía riqueza. En todas había alguna escena donde los
comediantes del grupo hacían gala de sus dotes. Muchos improvisaban el libreto
una vez en escena, creando el consabido apuro entre sus compañeros que no sabían
que contestar ante aquellas salidas intempestivas. En aquellos divertidos
diálogos nos enterábamos de las intimidades de los artistas y todo lo que pasaba
en la compañía cuando la cortina estaba cerrada, las luces apagadas y el teatro
vacío.
Los incontables aficionados esperaban con entusiasmo los entreactos cuando
bajaban grandes telones con la letra de las canciones más populares y la
orquesta daba la oportunidad a todos los cantantes frustrados de cantar a toda
voz en el teatro. Todos se iban a casa con una sonrisa en los labios, camino de
El Carmelo, la Casa Potín o el Recodo, tatareando, mientras se subían en los
carros:
"A San Antonio como es su santo casamentero..."
¡Que tiempos aquellos!
Quiero agradecer a la Asociación Pro Arte
Grateli
que ha hecho posible esta sección de mi página.
Cecilia Valdés de
Gonzalo Roig
es interpretada por Blanca Varela
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