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Poetas Cubanos

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José Agustín Quintero

Nació en La Habana en 1829. Estudió en el colegio San Cristóbal bajo la dirección de don José de la Luz y Caballero. Tomó algunos cursos en la facultad de Derecho en la Universidad de La Habana. Antes de completar sus estudios partió a los Estados Unidos donde vivió por algún tiempo. Cuando regresó a Cuba terminó los requisitos para graduarse de Licenciado en Derecho. Debido a sus ideas anexionistas cayó preso en unión con Cirilo Villaverde y otros conocidos patriotas cubanos. Fue sentenciado a muerte, pero logró escapar a los Estados Unidos donde rápidamente alcanzó una buena posición económica. Estableció una estrecha amistad con el Presidente de los Estados Confederados, Jefferson Davis, quien le confió una misión secreta en México. A su regreso a los Estados Unidos se estableció en Nueva Orleáns. Colaboró con los principales periódicos cubanos y fue redactor por varios años del Picayune, publicación de aquella ciudad. Poco tiempo antes de estallar la Guerra de los Diez Años pudo regresar a Cuba; pero en 1869 se vió complicado nuevamente en el movimiento revolucionario y partió una vez más al exilio y se volvió a establecer en Nueva Orleáns, donde murió el 7 de septiembre de 1885.

¡Adelante! 

Dios le dijo a la luz con voz sonora:
¡adelante!, ¡adelante!
Movió el tiempo su rueda giradora,
y un sol tras otro sol, y hora tras hora,
su marcha comenzaron incesante.

Los arroyos, los ríos y las fuentes,
con eco murmurante,
desataron sus límpidas corrientes,
y las nubes y vientos prepotentes
gritaron: ¡adelante!

Las montañas se alzaron altaneras
con majestad triunfante;
su penacho alzaron las palmeras
y su vuelo las águilas ligeras.
¡Adelante!, ¡adelante!

Al ánima del hombre el mismo acento
le dijo resonante:
corta el altivo cedro corpulento,
doma del mar el ímpetu violento.
¡Adelante!, ¡adelante!

Ve saca del mármol y, con noble anhelo,
toma el cincel cortante...
Cúpulas y columnas desde el suelo
alzáronse soberbias hasta el cielo.
¡Adelante!, ¡adelante!

Del cometa la marcha misteriosa
ve y descubre constante.
Arrebata a la nube tenebrosa
el rayo de explosión estrepitante.
¡Adelante!, ¡adelante!

El hombre oyó la celestial llamada
de emoción palpitante;
y en base inmensa la dejo grabada
con dócil pluma o vengadora espada.
¡Adelante!, ¡adelante!

Los sabios en las aulas proclamaron
el principio triunfante;
la razón y la gloria se hermanaron
y las artes y ciencias exclamaron:
¡Adelante!, ¡adelante!

Despierta ¡oh Cuba! Tras tormenta fiera
asoma el sol radiante
¡Esperanza y valor! Oprobio fuera
no llevar por divisa en tu bandera:
¡Adelante!, ¡adelante!

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