LA BAYAMESA
Por los años 1851 vivía en la
calle El Salvador, en la ciudad de Bayamo, la señorita Luz Vázquez y Moreno (quien fuera la cuñada de Perucho Figueredo el autor del Himno Nacional
Cubano, ya que era casado con su hermana gemela Isabel).
La bella Luz se casó con su primo Francisco (Pancho ) Castillo y Moreno, coautor
de la romántica y famosa serenata junto a Carlos Manuel de Céspedes (El Padre de la Patria para los cubanos) y
José Fornaris; fueron los orgullosos padres de Pompeyo, Francisco, Heliodoro, Atala,
Leonela, Lucila, y Adriana, esta última integró el coro de señoritas que en la Plaza
Mayor de Bayamo entonaron por primera vez el Himno Nacional Cubano, cuando se juró y se
bendijo la bandera de Yara, y también fue la valerosa joven en que Perucho confió las
mas peligrosas misiones.
La hermosa Luz Vázquez, que llenó de poesía a Bayamo,
se crió en el linaje y sin embargo, odiaba la esclavitud, dedicándose desde muy temprano
al clandestinaje, formando a sus hijos entre conspiraciones y preparativos para la guerra
emancipadora.
La heroica ciudad de Bayamo, la primera ciudad libre de Cuba, se vio
obligada a ser incendiada por sus hijos antes de ser entregada a los españoles
nuevamente, y la propia mano de Luz Vázquez prendió su regia mansión, y bajo las
llamas, se fue al monte junto a
sus hijos, dejando atrás desolación y miseria en lo que fue una ciudad culta y hermosa,
pero la libertad de la patria bien merecía ese sacrificio.
Fueron tenazmente perseguidos
hasta que las tropas del Conde Valmaseda las apresaron en un miserable bohío, ni siquiera
respetaron que dos de sus hijas estaban gravemente enfermas (
Lucía con Tuberculosis y Adriana con Tifus; Leonela y Atala tampoco se encontraban bien ), para trasladarlas a Bayamo, a una prisión domiciliaria, en lo que
quedaba de hogar después del fuego: la cochera que estaba al fondo ( que se conserva en la actualidad ) y da
para la calle que ahora se nombra Máximo Gómez.
Valmaseda envió al médico
militar de la Plaza a asistirlas, más la valiente Adriana no le permitió que se le
acercara gritando: "Yo soy revolucionaria... usted no
puede asistirme" "Yo soy revolucionaria... usted no
puede asistirme", y se tapó los ojos para no ver el
uniforme enemigo de "rayadillo". Aquella pobreza del aquel hogar en ruinas espantó al doctor,
quien insistió en hacer otra visita para poder tratar a las enfermas, esta vez Adriana lo
recibió milagrosamente de pie, aguantándose malamente de la cabecera de la cama y con
las notas del Himno Nacional Cubano en sus labios cayó muerta, en los brazos de su madre
acongojada.
Poco tiempo después, Luz
Vázquez y Moreno "La Bayamesa", hermosa, conspiradora, rebelde, aguerrida, termina con su vida. Ya
había
perdido en combate a su hijo Francisco.
Antes de incendiar su casa había enviudado y
había muerto su hijo Pompeyo. Y la enfermedad de Lucila, además de la de Adriana con su
recién fallecimiento, junto a la desdicha de la patria y el encierro, la acabó de
consumir, como las llamas consumieron una vez la señorial casona de ventanales con rejas
que una noche de amor, la madrugada del 27 de marzo de 1851, escuchara la serenata que
conmovió su corazón.
LA BAYAMESA.
¿No te acuerdas gentil bayamesa,
Que tu fuiste mi sol refulgente
Y risueño en tu lánguida frente
blando beso imprimí con ardor?
¿No te acuerdas que en un tiempo dichoso
Me extasié con tu pura belleza,
Y en tu seno doblé mi cabeza
Moribundo de dicha y amor?
Ven y asoma a tu reja sonriendo;
Ven y escucha amorosa mi canto;
Ven, no duermas acude a mi llanto;
Pon alivio a mi negro dolor.
Recordando las glorias pasadas
Disipemos, mi bien, las tristezas;
Y doblemos los dos la cabeza
moribundos de dicha y amor.
( Artículo de María Argelia Vizcaíno,
LIBRE, Miami, FL, Año XXXIII, Viernes 17 de Abril de 1998, No 1152 )
Música : La Bayamesa de
Céspedes, Castillo y Fornaris